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El Camino: 67 km de penitencia

abril 20, 2018

El Camino: 67 km de penitencia

Una ruta de senderismo por la Vía Verde

Buenas novas en el blog de nuevo. Llevamos un cierto tiempo con la intención y la elaboración a modo de fanzine de lo que supuso este camino. No soy experta en senderismo ni trekking y esta fue mi primera vez andando 67 km desde la ignorancia.

Decidí realizarlas con unas puma negras de paseo. Las consecuencias de llevarlas se tradujeron en dolores intensos de pies con la adición de una sobrecarga del cuadricep derecho. Sería la antesala al Atlas en Marruecos.

El itinerario original empieza en Espinardo, conocido como la Vía Verde. Un recorrido que aprovecha el antiguo trazado ferroviario entre Murcia y Caravaca de la Cruz que sería inaugurado por el gobierno republicano en 1933 y cuyo gran impulsor fue Juan de la Cierva Peñafiel. Diversas circunstancias (construcción, funcionamiento, infraestructura…) dieron paso a la clausura de esta línea.

En cuanto al camino en sí, he de decir que es fácil, no hay pendientes, siempre hay sendero y es bastante seguro, aunque lamentablemente cuando realizas una media de 20 km andando 3 días seguidos con una preparación física algo nula como la de esta servidora acabas notas demasiado el suelo y el chinarro.

Me sorprendió gratamente, fue una ruta amena. Visualmente hay unos escenarios que fotográficamente pueden resultar muy interesantes.

Nosotros decidimos empezar desde Alguazas, eliminamos la primera etapa. Llegamos aquí, con la motivación en su punto álgido y nos encontramos con que era día de mercado. Hacía un tiempo increíble, de luz dura e intensa y las telas que se usan para tapar esos rayos de sol proyectaban unas sombras que eran irresistibles para ser fotografiadas.

Nos entretuvimos más de la cuenta haciendo fotografías, teníamos que proseguir con el camino. La meta era llegar hasta Mula, unos 24,6 km, pasando por Rodeo, Campos del Río, Albudeite, los baños de Mula.

Esta etapa se considera la parte más árida del trayecto y una de mis favoritas, suaves laderas, algunas huertas y muchas badlands. Uno de los enclaves que más me atrapó fue Albudeite con su paisaje de ramblas y barrancos, atravesamos un barrio un tanto peculiar y sacar la cámara se convirtió en un asunto arriesgado, hicimos las fotos que pudimos hasta que se nos invitó a cortar el rollo.

Muchos viaductos en esta etapa como la Rambla de Gracia y de Perea merecen la pena ser vistos así como la Muela de Albudeite. La llegada a Mula fue un tanto accidentada, se nos hizo completamente de noche.

Lo peor era divisar la localidad a lo lejos teniendo la sensación de que estabas cerca y aún así no llegabas. Fue un tramo un tanto repetitivo que debido a una visibilidad escasa se tradujo en un momento desesperante. Ya reventados por la caminata encontrar el monasterio de la Encarnación era un auténtico laberinto por el entramado de las calles muleñas.

Al final pudimos llegar, unas monjas muy hospitalarias y graciosas nos ofrecieron cobijo con su cena y su posterior desayuno al día siguiente. La mañana del 4 de enero yo creía que abdicaba, andaba medio coja y no me veía capaz de aguantar otros 22 km, afortunadamente pude, es impresionante como el cuerpo puede dar de sí a pesar de que creamos que no.

Ahora tocaba la tercera etapa, llegar a Bullas atravesando Niño de Mula, y el bonito paraje de La Luz. Esta zona es la de mayor desnivel y recuerdo que los túneles eran de lo más destacable del trayecto. Advertimos las primeras zonas de montaña, pinares y finalmente viñedos y almendros hasta Bullas.

Aquí cenamos como reyes, a mi me asombraba que cuanto más nos alejábamos del municipio de Murcia más ganábamos en hospitalidad y tradiciones (lo digo en el buen sentido). Casi siempre finalizábamos las etapas de noche, no lo voy a negar, me faltaba algo de fuelle. La Pensión San José nos proporcionó alojamiento con bombones y una botella de champán Cónsum.

Finalmente la cuarta etapa y objetivo último: Caravaca de la Cruz. Antes de entrar a Cehegín, pasamos por Begastri, los ríos Quípar y Argos. Es la etapa más montañosa, abundan los pinares y los viñedos. El cerro del Carrascalejo es una de las zonas que destaco en este tramo.

En Cehegín, al realizar una parada técnica, tras estar sentada noto que mi cuadricep derecho empieza a doler, efectivamente se había sobrecalentado y me era imposible andar. Gracias al ibuprofeno, no se si era lo más adecuado pero me ayudó a proseguir. Finalmente llegamos a Caravaca, ya anocheciendo pero cumplimos. Subimos hasta el Santuario y un reto personal que puedo tachar de mi lista.

¿Os habéis visto en alguna experiencia similar?u, ¿os gustaría realizar la Vía Verde?

Datos curiosos: no hay fotos de los 3 días íntegros, al segundo se nos hacía pesado cargar la cámara y pararnos a realizar tomas (la ilusión se desvaneció rápida), solo probé un bombón de chocolate ( Edu se encargó de la misma, perdía mucho azúcar), la Pensión San José esa noche y día se tuvieron que quedar sin existencias de picotas (caramelos) a la entrada. No olvidaré la meticulosidad y delicadeza con las que el dependiente chino cortó mis plantillas.

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